Cuentos dulces para niñas hipoglicémicas. (Juan David Pascuales)
Fragmento...
"No sé si os ha ocurrido que algunas veces es imposible encontrar el momento exacto de iniciar una obra, ese momento en que cesará la oscuridad y el silencio, ese momento en que la farsa se desatará en voz y cuerpo de actrices que el autor jamás conocerá. Actrices hermosas y dóciles, actrices llenas de pesadillas y sangre menstrual, o tal vez sean actrices idiotas que representarán sus líneas ajenas a la lujuria, la tinta y el odio. Tal vez sea una aspiración ruin la que convoque al autor a engendrar ese momento que se repetirá incansablemente cada noche en los teatros clandestinos del mundo hasta que hombres-ratas emerjan de las cloacas para exterminar a la humanidad. Más no hay consuelo, pues en ese momento permanece igual de esquivo y sólo se escuchan los ahogados murmullos de un cello que es torturado por una virgen-puta. Sí, el teatro está oscuro y se escucha tenuemente el insipiente clamor de un cello y una voz de mujer que susurra:… y soñé que tú, papá vestido de blanco celeste limpiabas mis heridas con montoncitos de algodón y cantabas dulcemente: “No llores mi pequeña doncella, silencio, silencio”, y me besabas la frente. Pero pronto llegó un hombre con traje de oro, y te postraste a sus pies; el hombre hizo una señal, y tú, papá, sacaste nuevamente el puñal de arcángel y cortaste mi otra oreja. Envuelta en un pañuelo blanco –como las nubes del verano- se la entregaste. A cambio, el hombre dejó –en la canastilla de los panes- tres monedas de bronce. Y tú, papá, guardaste las monedas en tu alforja, alejándote entre las paredes de hielo pálido. Y yo me ahogaba en lágrimas cristalinas, sobre sábanas húmedas, ya casi sin cuerpo con el alma reducida a un gemido. Y tú, papá, desde la blanca lejanía cantabas dulcemente: “No llores mi pequeña doncella, duerme tranquila, papá está cerca”"....
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